Pekin 2008: Agüero aplasta a Brasil y amenaza a Nigeria en la final

Es la historia de siempre, los grandes aparecen en los momentos indicados, en los escenarios monumentales, en las citas clave. Este martes en Pekín Argentina disputaba una sabrosa semifinal olímpica ante Brasil. Dos enemigos irreconciliables se veían las caras una vez más, con el deseo de los albicelestes de mojarle la oreja a ese rival que le ha birlado en sus narices las dos últimas Copas de América. El partido estaba ajustado, las cartas no se ponían del todo sobre la mesa, Lucas controlaba a Riquelme, Mascherano no descuidaba a Ronaldinho… Y entonces, ya entrados en el segundo periodo, apareció el Kun, que hasta hoy no había logrado estrenarse cara a puerta. Di María se sacó un centro chut desde la izquierda, tras un robo de Gago y el genial delantero del Atlético de Madrid mandó el cuero adentro con un remate inverosímil pero fino, con el pecho, con todas sus ganas, hundiendo el cuero en las redes canarinhas. Ahí comenzó la debacle de Brasil, que jamás supo hincarle el diente a su rival y que comenzó a perder los papeles cuando de nuevo Agüero en boca de gol hizo el segundo aprovechando un magnífico servicio de Garay.
El Kun sigue agrandando su corta pero brillante historia. Ya ha ganado dos mundiales sub 20 y ahora apunta al oro olímpico, después de haberle hecho un doblete inolvidable a la selección que todo argentino desea tumbar desde que tiene uso de razón. El tercero de la noche lo puso en el marcador Riquelme, transformando un penalti forzado, cómo no, por el mago Agüero, ese pistolero silencioso, ladrón de guante blanco, asesino de etiqueta… Luego llegó lo peor. Mascherano pagó las frustraciones de los brasileños. Lucas Leiva le cazó por detrás y vio la roja, acto seguido Thiago Neves actuó de la misma forma y también se fue a la ducha. En los minutos finales los de Dunga dieron rienda suelta a su frustración haciendo entradas lamentables; incluso Ronaldinho, que mandó una falta al palo, intentó cazar con una sucia artimaña a un argentino… Pero ni siquiera en eso tuvo su día el gaucho, que volvió a quedar en evidencia en una gran cita.
Argentina ahora se verá las caras ante Nigeria en la final, que pasó como un torbellino a contra la sorprendente Bélgica. Se repite, de ese modo, el duelo por el oro de Atlanta 96, que acabó decantándose para el conjunto africano. Los argumentos de Nigeria son bien conocidos: fuerza, velocidad y potencia extrema. Argentina, por su parte, tiene la calidad y el oficio. Será un grandioso choque de estilos: la pausa de Argentina amparada en el tocar y tocar de Riquelme contra el vertiginoso ritmo de los nigerianos… La batalla promete.
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